sábado, 27 de agosto de 2011

Pájaros ciegos



Tardó unos segundos en darse cuenta, ese día su cerebro recibía las ondas acústicas con más intensidad que otras veces: primero el golpe seco de la puerta al cerrarse, luego el eco de sus piernas bajando por las escaleras hasta llegar al portal y allí, el persistente sonido de la instalación de la luz, como si un montón de insectos viviesen alojados en el cuarto de contadores. Consiguió distinguir una canción demasiado dulce sonando en la distancia, el crujido de las ramas de un árbol que el viento despeinaba, algún pájaro contando historias, algún perro ladrando, algunos coches rugiendo, un bebe llorando a gritos pidiendo ser amamantado.

Entonces se percató, no llevaba puestas sus lentes de contacto, con las que por lo habitual caminaba lo suficientemente desconfiado, como para no tomar ningún tipo de precaución específica. Pero ahora, alerta, las carencias de su capacidad ocular debían ser suplidas por la imaginación.

Durante un instante percibió el mundo como un ente desenfocado. Las personas tan sólo eran imágenes borrosas, manchas de colores, predominantemente rojas, azules y verdes. Da igual si eran hombres, mujeres, verdugos, poetas, corredores de fondo, monstruos que viene y van, turistas extranjeros, vendedores ambulantes de cerveza y comida china, rubias con gafas de sol y bolsas de Zara. Todos eran seres de rostro plano, como esculturas románicas. Idénticos, como si sólo existiese un mismo patrón adoptando formas semejantes.

Descubrió también que las escenas cotidianas habían perdido la naturalidad con la que estaban concebidas para convertirse en escenas cargadas de automatismo. Los besos, los abrazos parecían actos mecánicos que carecían de sentido. Casi nadie se rozaba. Sin contacto, las personas se movían lo adecuadamente posible para conquistar espacios vacíos. Había demasiados caminos, demasiadas opciones, pero la mayoría escogían caminar por el mismo lugar. A medida que sus ojos se adecuaban a las carencias, su mirada le empezaba a jugar malas pasadas, como espejismos. Las sombras eran manifestaciones mentales de imágenes relacionadas con la realidad, que surgían involuntariamente de la nada, desplegándose con libertad en algún lugar de la frontera entre sueños y recuerdos.


Mientras caminaba haciendo el recorrido de siempre, sus ojos fueron adaptándose a la luz de las calles, extrañamente conocidas, teñidas del color grisáceo de las aceras. Los estímulos luminosos eran ingredientes ligeros con los que interpretar el entorno. Habían llegado a un grado de visión casi óptima, en la que sus ojos únicamente eran incapaces de filtrar los matices de las cosas. Igual que la vejez o las cicatrices de la madurez, la belleza era desconocida, aunque percibía su sentimiento, algo parecido a una sensación placentera que tenía que ver quizá con la simetría.

Subió al autobús, era el numero 521. Por la ventanilla descubrió el reflejo borroso del movimiento, también observó que había manchas en los cristales de aquellos que tal vez horas atrás, habían apoyado sus cabezas todavía húmedas para recibir el día con un sueño. Finalmente recuperó la visión. Algo le despertó en caso de que en realidad todo hubiese sido un sueño. Tuvo miedo al ver su propia imagen en los cristales. Algo era distinto. No eran sus facciones angulosas, no eran sus enormes ojos hundidos que trabajaban a marchas forzadas, no era su pelo revuelto, ni su ancha nariz, era algo que le recordaba a sí mismo: estaba recién afeitado.
FOTO: ARTUROCANCINO


lunes, 22 de agosto de 2011

TIEMPOS DE AMOR

Le conocí en mitad de una cuesta arriba. Eramos aparentemente simétricos. Inventando casualidades me acerqué a ella. Hablamos de fotogramas, canciones lentas y recuerdos. Un día jugamos en los billares, le gastaba bromas y se reía alegremente. De repente, se hizo muy tarde. Había algo dentro innegable, el humo de mi corazón en llamas entrando en mis ojos. Contuve la respiración y las mariposas de mi alma se quedaron quietas. Prometí escribirle, y le escribí algunas cartas.

"Ha pasado el tiempo y siempre estás en mis sueños.
¿Porque las aves marinas me despiertan?
Tal vez debido a que sus tristes gritos penetran en mi corazón".

Un día volví a los billares y ya no estaba. Seguí su pista, conquisté ciudades, crucé autopistas, estaciones de tren vacías. Cada punto era un instante separado por la nada y ella ocupando todos mis espacios, todos mis momentos, todos mis paréntesis, todo el recorrido de mi mundo.

Basado en la película: Tiempos de amor, tiempos de libertad, tiempos de juventud.

sábado, 20 de agosto de 2011

En recuerdo de la lluvia amarilla.



Las estanterías encierran secretos de papel. Los libros de las bibliotecas están vivos y su belleza encarcelada, a merced de que cualquier lector se decida a ponerla en libertad. Existen viejas novelas olvidadas frente al apogeo de los best sellers, el boom de la nueva novela policiaca escandinava o los relatos románticos de Moccia, ahora que estamos en tiempos difíciles.

Un día decido liberar una de esas novelas que ya casi nadie lee. El tacto de sus páginas amarillentas es áspero, como si tuviesen arrugas de vejez y cicatrices del pasado. El cartón de la contraportada está tatuado con una fecha y un nombre:"Rosario Alises- Junio 1989". Me gustan sus páginas dobladas, son como puntos de inflexión, pequeñas conexiones con la nada en las que el lector aparece y desaparece de una historia años después olvidada. Mis dedos atravesando ligeramente sus páginas. Existen huellas escritas a lápiz, semiborradas, como si fuesen secuelas del turismo que señaliza aquellos paisajes que antiguos lectores consideran mas interesantes.

" Si el otoño no abrasara ahora la luna, creería que es la misma de aquella Nochevieja. Si la luna no quemara ahora mis ojos, pensaría que mi vida, desde entonces, no ha sido más que un sueño. Un sueño blanco, febril, atormentado, como la angustia de estas sábanas o la locura interminable de aquel primer invierno. Un sueño blanco, febril, atormentado, que los ladridos de la perra volverían a romper anunciándose en la noche el inicio del deshielo".

Algunos lectores lo disfrutaron, otros leyeron sus páginas por obligación. Eran otros tiempos en los que los espacios en blanco eran bellos, cada nuevo capítulo un desahogo y las páginas se contaban hacia atrás.

"¿Porqué tanta minuciosidad?, ¿a que viene tanto detalle para representar la soledad?"-decían los alumnos a un profesor ahora jubilado, de un instituto ya cerrado hace años. Incluso hay una nota desesperada en alguno de esos espacios en blanco, en las frontera de los párrafos, que dice: "Si tan malo es estar en el campo, porque no te vas a la ciudad".

Entonces dejo de leer e imagino años después a ese lector.

Vive en la ciudad, hace turnos del trabajo al sofá. Es esclavo del reloj que marca las horas de la rutina, del espejismo del televisor fabricando vidas que no le pertenecen, de la solitaria barra del bar en la que se alinean botellas de cerveza vacía. En la mesa de su comedor hay un décimo de lotería caducado, un azucarero sin azúcar y un paquete de tabaco arrugado cuyos cigarrillos han desaparecido con la espiral del humo de sus recuerdos. Los domingos da paseos hacia ninguna parte, siempre por las mismas calles, en busco de algo, una señal tal vez, capaz de reconducir su destino perdido.

Camina hacia el Retiro, sudando por la cuesta Moyano. Hoy, hace algo distinto. Sin motivo aparente aminora el ritmo de sus pisadas justo en las librerías que siempre pasan desapercibidas en su camino, aquellas que sacan los libros al sol. Entonces, ojea alguno de esos libros usados. Sus manos le acercan una novela breve a sus ojos " La lluvia amarilla"- Julio Llamazares, tiene un ligero recuerdo de su adolescencia, lee por detrás:

Monólogo del último habitante de un pueblo abandonado(ya le suena), la creación de un clima poético y un universo personal acreditan al autor como uno de los más valiosos narradores de nuestra literatura.

Entonces abre una de sus páginas y lee:

"De repente, me ha vuelto el dolor: seco, profundo, asfixiante. Como si una cría de víboras hubiese hecho su nido en mis pulmones. Durante unos segundos me corta el aliento, bloquea mi memoria y mi respiración. Durante unos segundos, escarba en mis pulmones como un perro. Luego se va desvaneciendo lentamente, dejándome un sol frío e incandescente bajo el pecho".

Un sentimiento de nostalgia le atrapa. Le invade la melancolía de aquella época. Justo cuando cierra el libro, yo vuelvo a la realidad, me olvido de ese lector y sigo leyendo. Aunque fue literatura obligada, en el instituto no me tocó leerlo. Por suerte su obra es para siempre. Recomiendo su último libro "Tanta pasión para nada" que recopila alguno de sus cuentos.

**Foto robada a Alberto Sánchez Mena

domingo, 14 de agosto de 2011

Un poco de jazz.


Verano. Donosti. Festival de Jazz. Hace viento. Una preocupación: que las nubes no empiecen a llorar. Cerca de allí, mis pasos se encuentran con un escenario pequeño y modesto situado en el paseo de Zurriola(un marco incomparable). Un saxo enciende la noche. Una voz desgarra la luna. El movimiento del aire mueve mi ropa produciendo un extraño efecto de luces y sombras.


Gora Cádiz se escucha de lejos. Un desconocido se presenta como Antonio Lizana y su banda. Asientos desnudos. Observatorio pasajero. Escenario de paso. Mi curiosidad y la curiosidad de unos pocos no se decide todavía a tomar asiento. Algunos modernos han dejado atrás el final del concierto de las Vivian Girls, también hay viandantes que mantienen conservaciones de lata de cerveza y alguna rezagada tabla de surf abandonando la playa, alejándose del rugido furioso de las olas.


Un puñado de personas decide tímidamente tomar asiento. Las notas de un piano arrancan el interés. Suena el bajo, el sonido del saxo nos transporta a alguna parte extrañamente conocida y lejana al mismo tiempo. Flamenco-jazz. Algo perfecto para calentar el ambiente fresco, música del sur en el norte. Fusión, mestizaje. La belleza es una, única, no importa.


Cada vez más gente se acerca. Si estás de pie ya no ves nada. Poco a poco, la decisión gana la partida a la duda. Algo interesante se disuelve en la atmósfera. Los asientos se van ocupando. Los que entienden de jazz aplauden. Son sabios aplausos que parece estructurar la canción, como si determinasen los turnos en los que han de intervenir los instrumentos. La gente empieza a estar comprometida con la música. El interés se despierta, deja de ser provisional, la gente transitando está a punto de ser conquistada. Durante un momento el escenario ya no parece pequeño, el público envuelve la zona, el acceso está cortado por la emoción.


Suena su voz y la noche llora, pero ya nada importa..
(Por cierto. La foto es del cartel ganador)



Las manos pequeñas-Andrés Barba


Su padre murió en el acto, su madre en el hospital. Todo ocurrió en un espantoso accidente de tráfico.

"El golpe fue brutal.
El automóvil se elevó por encima de la mediana, y cruzó boca abajo el carril contrario hasta estamparse contra unas rocas que quedaban junto al arcén. Y toda la escena, que Marina no fue capaz de recordar con fidelidad hasta que hubieran pasado cuatro meses del accidente, nacía de la velocidad, era velocidad pura. No se veía nada en ella porque no había nada en ella que desentrañar.
Era también sonido. Un sonido violento, pero alejado del acontecimiento mismo que lo producía. Un sonido vacío y discontinuo, que estallaba e inmediatamente quedaba como ensordecido en la distancia, incapaz de sostenerse o de prologarse y que sin embargo iba acompañando el objeto del coche que volaba sobre la mediana hasta quedar boca abajo."

Marina es huérfana y del hospital es trasladada a un orfanato. Las pequeñas manos es un relato poco amable de la infancia, conmovedor e inquietante por igual, reflejo de la crueldad, de la ingenuidad violenta, sádica y fría de esta fase de la vida. Una novela muy intensa.

Marina es la admirada y excluida. No pertenece al grupo del resto de las niñas. Pero su imaginación encontrará la estrategia para sobreponerse a esta situación. Un juego. Un juego nocturno, aparentemente ingenuo que sólo puede ser jugado con la violencia con la que se juega únicamente en la infancia, mientras los adultos son testigos sordos y mudos.

"El miedo se encapsuló en las noches. El miedo estaba en las noches y mentía. Mentía una y otra vez. y las muñecas vivían del miedo que respiraban durante la noche, engordaban de miedo hasta que un último impulso volvía a dejarlas dormidas y se quedaban allí; ten lentas eran, tan pacientes.
Por la mañana se ponían ropa limpia y ya eran las mismas de nuevo."

Se confirma que Andrés Barba es para muchos, y después de leer este libro también para mi, un escritor imprescindible. El libró está marcado por la minuciosidad, por el lirismo, por el detalle desgranado. Cada coma, cada punto, cada silencio de Marina, cada acción colectiva de las niñas, cada sentimiento descrito está encaminado a conmocionar al lector.

Envidias, nostalgias amargas, ingenuidades salvajes, la inocencia terrible, la infancia, a veces tan siniestra como lo fue en Los chicos terribles de Cocteau o El señor de las moscas de Golding.Veo necesario seguir de cerca a este autor y leer alguna otra de sus obras que le llevaron al éxito y al reconocimiento de la crítica.

Por supuesto, recomiendo este libro.


viernes, 5 de agosto de 2011

De que sirve la mar cuando pisas cemento.



Mi piel húmeda, dorada y viscosa se reseca como una bolsa de patatas mal abierta, la sal navegando en mis labios se esfuma con la marea de la saliva, el sol cobarde se esconde una vez mas. Pasas el verano aprendiendo a leer el movimiento circular de las nubes con el viento, el cambio pendular de las mareas. Calculas, realizas predicciones meteorológicas, observas los rayos en la tormenta clavándose como estacas..

Se acerca la hora, todo es efímero, de que sirve la mar cuando pisas cemento.

Vuelves a la ciudad. La ciudad enredadera, avispero, laberinto, la selva de los depredadores, una habitación que huele a cerrado llena de gente que corre hacia ninguna parte buscando, buscando quizá un pequeño remanso de libertad: nuestra única esperanza, la única verdad.

Olvidé que las calles son la mutación genética del exceso, el consumo, la cobardía, la derrota de los que no eligieron viajar en este destartalado vagón de cercanías, desprovisto de la pureza del aire. Olvidé que un día la periferia se tragó a la ciudad, como una planta carnívora cuyos brazos son un gigantesco reloj despertador, masticando el cristal de todos los espejos para digerir un poco de nada. Olvidé que la batalla del amanecer se repite muchas veces por semana. Olvidé el calor del insomnio sin aire acondicionado, el frío de los que duermen en el mármol de las mentiras metálicas. Olvidé que a veces, las hormigas cruzan en procesión por mi nevera vacía.

Habitante del olvido en el purgatorio del recuerdo. Olvidé el día de la semana, las horas del reloj de pulsera muertas en un ataúd de madera, los tupperware perdiendo la transparencia tras muchos baños de comida de cuchara...

Se acerca la hora, todo es efímero, de que sirve la mar cuando pisas cemento.

lunes, 1 de agosto de 2011

La mujer-precipicio- Princesa Inca.



"A los que se quedaron dormidos en el nunca..
A los que duermen en la cama del psiquiátrico..
A los que no son sociables, ni aptos, ni lúcidos
ni extrovertidos, ni empáticos, ni asertivos, ni normales.
A los que llevan medicación en el bolso y el monedero vacío.
A los que llevan cicatrices por haberse rajado las venas..
A los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre..
A los que ya hemos transitado por el infierno y el cielo
y no queremos volver más allí.
A todas esas pupilas dilatadas de tanta química
que miran aturdidas y absortas
pero tienen la luz mas hermosa.
No existe la locura sino gente que sueña despierta".

Tiene la habitación llena de libretas plagadas de versos, pensamientos, reflexiones, ideas. Su aspecto es frágil, como de una niña delicada. Su imagen pecosa me resulta extrañamente familia. Durante un tiempo(un ciclo que no ha cerrado) estudió psicología, también ha sido jardinera. A ratos pinta, a ratos interviene en la ventana de cadena ser. Desde niña, la literatura le distancia de las penalidades de este mundo que a veces, tanto nos aleja de nosotros mismos. Un día se despertó al otro lado del espejo, y durante un tiempo padeció insomnio. Un insomnio blanco, paraíso falso, como la luna, como la nevera vacía, como el arroz hervido de los pobres, como las batas y las correas del psiquiátrico. Los planetas se alinearon como si fueran pedazos de pan señalando el camino del infierno, entonces su padre murió y padeció una recaída. Diagnosticada como bipolar, con trastorno esquizofrénico, ha buscado en la poesía su mejor medicación. Una recopilación de toda sus poemas comprende este libro titulado "La mujer-precipicio" .

Un libro contundente, desgarbado, anárquico, sin reglas, un retrato de la lucidez que encierra la locura, una crítica a la sociedad normal, germen que gobierna nuestras vidas y mantiene controladas nuestras emociones.

Fue un regalo de cumpleaños, el libro del verano. Un bocado amargo en tiempos amables . Sus palabras, no son susurros sino gritos. Sus versos son espinas que todavía continúan clavadas en mi alma infectada de la belleza. Tímidas lagrimas arrancadas tras llevarme al límite. Poemas rabiosos que me atravesaron, desnudo, entre cristales de un espejo roto tras un golpe violento.

Lo que escribe tiene mucha fuerza, valentía, sinceridad. Los que entienden la belleza de lo trágico, los que conocen el vértigo como antídoto del propio vértigo, están de suerte con este libro. Sus poemas duelen, pero es un dolor bonito, excitante. Sus palabras acarician el cuerpo pero sobre todo el alma.

"Estaba tan blanca que tomaba la forma de una herida, yo la miraba dormir y hubiera jurado firmemente que estaba muerta, pero no, era su forma de existir, cercana a lo que desaparecerá. Esa tendencia suya a resistirse a que le sujetaran le costó mas de una marca en las muñecas por haber sido encadenada en una cama. La miré en el centro justo de los ojos, en el espejo, y acabé intuyendo que era muy parecida a mi, la miré justo en el centro de su movimiento, apenas disimulaba que la ropa le iba grande y que la vida a veces también le sobrepasaba hasta hacerla enloquecer, me sonrió con la sonrisa hermosa de la imperfección, le dije que sería un lujo cuidarla, amamantarla, contarle cuentos al oído, que le hablaría con poemas sobre todo en su insomnio, y volvió a sonreír en silencio, se parecía tanto a mi que casi creo que era yo misma, y besé el espejo".

Cautivado, sobrecogido, herido de muerte y belleza, todavía padezco los efectos alucinógenos y alucinantes de esta píldora artística que me mantiene esclavo del placer infinito que finalmente me ha dejado la lectura de este libro de poemas. Cristina martín, así es como se llama, tiene un blog que supongo, por el éxito del libro, verá disparadas( aún mas) sus visitas: laprincesainca.

Por cierto las ilustraciones de Mercé López son preciosas.