domingo, 19 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
La vida aparte.
1-Tus coordenadas espacio-tiempo se cruzaron en mi camino. El destino era una finísima tela de casualidades giratorias con las que ganarle terreno al río. El vórtice de los días tenía el color de tus ojos y la forma de tu cuerpo.
2-Mis labios de velcro y la fibra enmarañada de tu boca quedaron abrochados, la casualidad se transformó en intención, y las palabras escritas en lenguaje emocional.
3-La máquina del tiempo aceleró entre risas, pasos de cebra en los que hacer el amor, el tacto de tu piel todavía en mis sentidos, tu imagen saliendo de la ducha en las mañanas con olor a cruasán caliente.
4-La ansiedad estrellada en las esquinas. La balada rescatándonos del precipicio amenazante baja la cama al despertarme y verte despierta.
5-La habitación es un muelle de hormigón abandonado. Tú y yo, dos barcos pesqueros amarrados que a veces se golpean entre sí a merced del viento. Nuestras almohadas frontera de ciudades dormitorio y esqueletos de ladrillo.
6- El sobre, el papel, tu carta lacrada con dolor. Mis labios sangrando tinta tras pronunciar tu nombre. La despedida fue la marea de la nostalgia, que al subir borró mi sonrisa de arena, dejando mi cuerpo deshabitado.
7- Tu ausencia es el recuerdo del incansado "no sonido" del vacío. Me sobra espacio en el alma hueca que lleno con nuestras fotografías: simulacro del papel y del recuerdo. El tiempo que antes quería encadenar, ahora es mi refugio a punto de desmoronarse por un soplido de futuro. Tu presencia en otros nombres y apellidos sólo constatan que fuiste verdad.
8- Viajé por los caminos más largos rodeando tu ciudad de farolas apagadas. Conquisté el país del olvido y olvidándote te volví a recordar. Decidí leer y escribir el mundo quizás para demostrar que no eres mejor que yo. Ahora estoy preparado para llamarte. No quiero saber de ti, sólo que tú sepas de mi. Eres sólo la derrota que me distancia de la guerra.
Hoy hace exactamente dos años que escribí esto, cuando todavía escribía con entusiasmo y brotaba tinta de mis heridas. Hoy no tengo tinta, ni heridas, ni entusiasmo, sólo vivo entumecido, bajo el brillo triste de esta ciudad inundada, entre el ruido y la furia, entre la fugacidad y el olvido, desengañado por mi propia demencia en este mundo de hojalata, para descender, con las alas rotas, a un precipicio en el que sólo habitan ángeles caídos.
(...)Y siguen marcadas las esquinas de esta ciudad con tu saliva
Ataduras
Mi vida es como ese nudo
de corbata que me hacías.
Pensé que nunca sabría
hacerlo cada mañana
cuando te fueras de casa.
Al principio no salía,
no me salía la vida,
el nudo se complicaba.
Ahora me hago el nudo solo
y solo vivo mi calma
esperando que una tarde,
como las tardes de antes,
vuelvas a entrar en mi casa
y me deshagas el nudo
y me compliques la vida
y me quites la corbata.
El poema de CARLOS MALDONADO -Ataduras (La mano ajena) me ha inspirado este otro:
En mis armarios hay
camisas arrugadas,
corbatas con manchas,
chaquetas con remiendos
chaquetas con remiendos
y calcetines con agujeros.
Se le caen los botones
a la vida
y yo sólo soy un maniquí,
una marioneta, un fantasma
un roto para un descosido.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Cena de Navidad
se termine esta noche, cuando alguien
corte la carne o sirva el vino,
cuando alguien brinde por al año que empieza.
Tú no te pongas bragas, amor mío;
debajo del vestido no te vistas,
que al menos quede una razón
para asistir a tanta decadencia
con la sonrisa puesta
en un futuro menos raro.
Debes saber que en Navidad
puede quedarse fría la sopa
mientras vemos la tele, aunque también
a veces hay que acudir a la mesa
con precipitación, atender las llamadas
de familiares y escuchar solemnes
el discurso del rey.
Pero, amor,
tú no te pongas bragas, déjame
al menos esa luz encendida.
Salir Ileso -Raul Nieto de la Torre
sábado, 7 de diciembre de 2013
REVERSIBLE
Foto robada a Cim de Silleda
Y volver atrás, y salir por la puerta trasera de este invierno que nunca termina de comenzar pero tampoco se acaba. Y lanzar por la ventanilla todo lo que nos pesa; y ver como la piel se estira frente al espejo, recupera su brillo y el marco malva de los ojos se apaga. Millones de pelos cruzan las cataratas del grifo de ducha para instalarse de nuevo en lo alto de ti. Las muelas vuelven a las encías, las neuronas resucitan, las células se despiertan, la grasa se diluye y el estómago se endurece.
Y volver atrás, y salir por la puerta trasera de este invierno que nunca termina de comenzar pero tampoco se acaba. Y lanzar por la ventanilla todo lo que nos pesa; y ver como la piel se estira frente al espejo, recupera su brillo y el marco malva de los ojos se apaga. Millones de pelos cruzan las cataratas del grifo de ducha para instalarse de nuevo en lo alto de ti. Las muelas vuelven a las encías, las neuronas resucitan, las células se despiertan, la grasa se diluye y el estómago se endurece.
Y los días de ceniza vuelven a sus ceniceros, marcha atrás, entre cuerpos que hacen pausas en los andenes; y el agua regresa a la atmósfera desde tus zapatos calados; y las lágrimas, remontando a contracorriente tus pómulos, suben por las pestañas hasta evaporarse en tus retinas vacías; y las hojas vuelven al calendario, y las oportunidades a los sueños, y los minutos a los relojes, y los túneles se derrumban y crecen las montañas. Los contratos vuelven al cajón oscuro de dónde salieron, y la tinta de tus firmas al gris de sus bolígrafos. Y las cajas embaladas deshaciendo mudanzas, y los regalos empaquetados; y las entradas de conciertos, los recibos de la luz, las nóminas olvidadas, las listas de la compra, que nunca terminaron de llenar tu nevera vacía, comienzan a cobrar vida desde los cubos de basura.
Y desaparece la niebla: los enfermos abandonan los hospitales, los barcos varados vuelven a faenar, los aviones regresan a las pistas de aterrizaje y los trenes a las estaciones. Las despedidas ahora son encuentros; los prejuicios abandonan las conciencias, las libretas quemadas vuelven a necesitar poemas para apagar incendios, y aquellos que robaron horas a los días absorbentes del alma salen de los tribunales. Los lirios marchitados, los libros olvidados, los ecos perdidos nacen, crecen y gritan.
Y el tiempo se para aquí: y sólo así estamos juntos tu y yo. Atrás quedaron las cartas lacradas de dolor, la distancia oscura, el desequilibrio y la duda, la encrucijada del destino, los espejos invertidos. Ahora me viajas por dentro, visualizas todos los fotogramas velados en el cinema de mi alma, abres todas mis puertas, enciendes todas las luces, descifras todos mis mapas y encuentras la salida de mi bosque en el que estabas perdida. Ahora mis labios retienen el calor de tus primeros besos, y nos quitamos la ropa para quemar el futuro, y caminamos sin prisas, y no sé si son tus ojos o los míos los que provocan el eclipse al abrazarnos toda la noche, ahora mis manos huelen a mar si tocan tu piel.
Ahora: tu destino y mi origen se encuentran en el mismo precipicio.
Y desaparece la niebla: los enfermos abandonan los hospitales, los barcos varados vuelven a faenar, los aviones regresan a las pistas de aterrizaje y los trenes a las estaciones. Las despedidas ahora son encuentros; los prejuicios abandonan las conciencias, las libretas quemadas vuelven a necesitar poemas para apagar incendios, y aquellos que robaron horas a los días absorbentes del alma salen de los tribunales. Los lirios marchitados, los libros olvidados, los ecos perdidos nacen, crecen y gritan.
Y el tiempo se para aquí: y sólo así estamos juntos tu y yo. Atrás quedaron las cartas lacradas de dolor, la distancia oscura, el desequilibrio y la duda, la encrucijada del destino, los espejos invertidos. Ahora me viajas por dentro, visualizas todos los fotogramas velados en el cinema de mi alma, abres todas mis puertas, enciendes todas las luces, descifras todos mis mapas y encuentras la salida de mi bosque en el que estabas perdida. Ahora mis labios retienen el calor de tus primeros besos, y nos quitamos la ropa para quemar el futuro, y caminamos sin prisas, y no sé si son tus ojos o los míos los que provocan el eclipse al abrazarnos toda la noche, ahora mis manos huelen a mar si tocan tu piel.
Ahora: tu destino y mi origen se encuentran en el mismo precipicio.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Domingos...
Estoy solo, la mayoría de los paseantes han regresado a sus casas, leen el diario de la noche mientras escuchan la radio. El domingo declinante les ha dejado un gusto a ceniza y piensan ya en el lunes. Pero para mí no hay ni lunes ni domingo; hay días que se empujan en desorden y, de pronto, relámpagos como este.
La náusea -Jean-Paul Sartre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





