domingo, 7 de febrero de 2016

Completamente viernes...



 Es jueves en el Aleatorio
aunque parece
"completamente viernes",
sobre el escenario Luis García Montero
juega a describir la eternidad
como quien tripula un barco
capaz de sobrevivir
a todas las tempestades.
La luz de su voz lo baña todo
y desde el espejo del techo
sus palabras caen
como enigmas desafiantes
que se enredan
en nuestras conciencias.
Yo miro hacia arriba,
observo al público
igual que el camarero
me observa a mí:
A alguien se le despiertan
dragones en el estómago,
otros se miran antes de conocerse
y la poesía parece ese conjuro
 capaz de alterar nuestros destinos.
Los versos se suceden,
los poemas rugen
 -deslumbrantes y densos-
como un deportivo rojo
que intenta aparcar
en el interior de nuestras mentes.
A las doce termina todo
y salimos afuera
con la voz del poeta
todavía templada y salvaje
como una playa a medianoche
 hasta que la realidad
va configurando la secuencia
 de reconstrucción del mundo
cuando se abre la puerta del Aleatorio
y la poesía comienza
a desbordarse por la ciudad
y yo busco otras maneras de terminar este poema
que podría titularse:
"Completamente viernes, completamente tú,
la buena compañía".

domingo, 24 de enero de 2016

Haiku para un lunes invierno

Cansado en la ventana
el atardecer perdió su brillo
y mis ojos también

domingo, 10 de enero de 2016

Tornillos de estrella V



Después de escribir un poema
entro en la ducha
acciono la palanca
y el agua caliente surge de las tuberías
como una corriente extraña
que quiere pernoctar en mi piel,
pero no son las gotas de agua lo que siento
sino todos aquellas palabras
que no supe escoger
y que todavía centellean
como pequeñas quemaduras
en mi pecho...

(Sonando Then I heard a bachelor´s cry  -Benjamin Clementine)

jueves, 7 de enero de 2016

Formas de empezar un año

Foto: 01-01-2016
Empezar un año
es como mirar al horizonte
para comprobar que el mundo no tiene esquinas,
y desacelerar, sentir la perspectiva,
detenerse en la inmensidad
de lo que todavía no ha sucedido,
comprender que los fragmentos que
intentamos borrar de la historia
también formaron parte del poema,
y tomar conciencia de que el futuro es
 aquello que aún no hemos olvidado.
Empezar un año
es viajar en el horizonte
para entender que una maleta
es un espacio dentro de ti
y huir
una forma de descubrir
lo que ya sabes.
Empezar un año
es como imaginar que
nos lanzamos al mar
para nadar de espaldas
hasta trazar todo ese recorrido
que nos alejó de nosotros mismos.
Empezar un año
es como mirar al horizonte
para entender
que existen
366 maneras distintas
de escribir
la palabra siempre.


martes, 8 de diciembre de 2015

TO BUILD A HOME

"me aferré tan firme como tú te aferraste a mí "
(Cinematic Orchestra)
Aquella casa
con olor a suavizante, 
el aire de aquella ventana mal cerrada.
Pertenecer al trozo de ciudad 
que encierran las cortinas.
Intuir las luces, los coches, las horas.
Habitar en el tacto de una manta con agujeros. 
Dividir en instantes los silencio, la imaginación, la memoria.
Escuchar el mar en su vientre. 
Cocinar descalzos, compartir la cena.
Acariciar sus pies fríos y tener la impresión de 
poder tocar toda su vida.

Así es como recuerdo un hogar.




domingo, 15 de noviembre de 2015

Solicitud en Din A3




Bájame una estrella en tamaño din a3,
acércame su resplandor.
Quiero que esa luz se vierta en mi cuerpo
para que sus destellos persistan más allá de la música.
Me gustaría que el viento de la palabra
apresase mis bosques
y la naturaleza se quedase inmóvil.
Concédeme por contagio tu inmortalidad,
separa mi conciencia de los abismos del mundo.
Alíviame de este temor al vacío.
Devórame como el mar devora a los acantilados
o lanza una cuerda, súbeme 
y rescata mi alma del naufragio.
Quiero encontrarme en ti,
que en un abrir y cerrar de labios
pueda mirar en mis sueños
por si existen perseguidos
y tal vez pueda salvarlos.
Entra en mi corazón,
acaríciame con tu voz.
Voy a lanzarme
por el Niágara detenido de tu boca.
Coge mi mano ahora,
quiero que sepas que
te regalo mi vida
a cambio de un poema.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Recuerdos en el café de la juventud perdida a la manera de Modiano


Foto: www.rtve.es


Eran días sin relojes, 
noches con horizontes cortados 
y mañanas que llegaban demasiado pronto. 
Tiempos de vivir en las calles 
y dormir en las aulas: aulas infectadas de gente, aulas sin calefacción.
Fueron tiempos de acuerdos multilaterales, pisos compartidos, 
turnos de limpieza y legislaciones de frigorífico. 
Recuerdo un submarino llamado Berlín, 
y un paraíso dónde podían encontrar 
a quien estaba perdido.
Recuerdo los grasientos amaneceres del Raíces 
y el beicon que nos devolvía  la vida, 
cuando la vida eran dos monedas de cien. 
Recuerdo la niebla de la Alameda 
pintada en mis ventanas 
como el resplandor sin cuerpo
 de un cuadro de Rothko. 
Recuerdo a Charlie Parker llorando en mi radio casete 
y a Manolo Tena que siempre estaba de bajón. 
Recuerdo los libros que presté, 
las películas que no me devolvieron, 
las noches en que no amé. 
Recuerdo cuando la desdicha se interponía en mi destino 
y caminaba hacia cualquier parte, 
con una brújula perdida en el pecho 
y el sabor ciego de perseguir un rumbo. 
Recuerdo el olor a humedad de las calles, 
el frío calándome los huesos, 
la respiración hipnótica de las campanas, 
el sonido hueco de los pasos, 
la sombra de una pareja 
desapareciendo en el plano de la noche 
mientras pensaba que
daría cualquier cosa porque fuese mi nombre 
el que aquella mujer pronunciase
al despedirse al día siguiente.
Recuerdo las floristerías frente al mercado, 
las hortensias embestidas por el viento, 
las horas deshaciéndose en el reloj de la Quintana
y la luna como las teclas sucias de un acordeón.
Recuerdo el día que nevó  
y las manifestaciones 
por el cambio de normativa 
en los colegios mayores.
Recuerdo aquella chica 
que me arruinaba la vida 
pero a mí eso me gustaba
 (cosas del sadomasoquismo).
Recuerdo la lluvia como alfileres en la piel, 
sus abrazos como océanos 
y las heridas 
que dejaban en el cielo los aviones 
cuando se marchaba 
y yo tenía que volar muy lejos de mí 
para alcanzarla.
 Y es que el yo que ella quería
estaba a kilómetros de distancia 
de mi auténtico yo. 
Quizás por eso, 
como en los libros de Modiano,
y si la memoria no me falla, 
me acuerdo de casi todo
excepto de mí.