domingo, 28 de septiembre de 2014

Haiku de otoño


Hojas caídas 
bajo un columpio oxidado
de un parque de Chernóbil. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

ATLÁNTICO SUR


Donde habitan marineros en los ojos del que mira el horizonte.
Donde los cuerpos en la arena, como animales heridos, esperan la venganza del mar.
Donde el viento, con ojos de loco, llama a todas las puertas. 
Donde hay gatos en las aceras, atunes en los mercado y claveles en las ventanas.
Donde los desterrados del norte, y náufragos a la deriva del mundo, navegan sin destino por las corrientes del tiempo. 
Tuve tu arena en mis pies, tu salitre en mis brazos y me besaste con tus labios de limón. 
Vi tu boca lamiendo las ciudades blancas  y bebiéndose todos los espejos, vi tus alas ardiendo y su fuego clavándose en mis retinas.
Vi ese monstruo, que engendraste bajo tus sábanas rasgadas, tragándose al sol. 
Atlántico sur magnético, brillante, lejos de mí, contra mí, atlántico sur. 


COSTA DE CÁDIZ- Septiembre 2014. Inspirado en el poema de Manuel Rivas titulado Avenida atlántico).

Spain Intro by Tomatito / Michel Camilo on Grooveshark

domingo, 31 de agosto de 2014

Lo que quedó tras el incendio


¿Y qué quedó tras el incendio?

Brisa desfilando por un camino de flores secas,
madera podrida, tornillos oxidados, 
tiempo, mapas, otoño.

Y un ramo de rosas marchitas en el guardarraíles

sábado, 16 de agosto de 2014

Tornillos de estrella (querer perderse queriendo irse)


No me siento inspirado últimamente. No escribo casi nada. Las palabras ya no están en el rincón exacto en el que solía encontrarlas. Es como si me quedase solo en esta ciudad en la que nadie escoge su verdadero destino. Cada mañana subo, entre espectros de mirada opaca, las escaleras mecánicas que conducen a la muerte. Algunas veces consigo escribir algún poema desde la oficina: ese lugar en el que la vida pasa de largo y nadie conoce a Whitman.  El jefe me mira con indiferencia; yo me mantengo pensativo frente a una pantalla en la que se amontonan cifras, gráficas, cartas con un discurso demasiado preparado. El tiempo avanza lentamente mientras como galletas de limón y dejo algunas migas sobre el teclado. Luego termina la jornada, salgo a la calle y los problemas crecen por dentro hasta adquirir formas desconocidas en las esquinas de mi geometría. Cuando llego a casa  los platos siguen sin fregar, y mi cama es como una desoladora acera en la que duermen todos los vagabundos de esta vida. Apago la luz para ahuyentar a mis fantasmas. Quiero llorar. Lo hago. Todo es pobre y sin sentido. No digamos que yo soy culpable de ello. No hablemos de culpables.

(Perdóname A. Pizarnik por este homenaje).

Me siento solo by Adanowsky on Grooveshark

Querer quedarse queriendo irse


3 de enero [1959]

He dejado el psicoanálisis. No sé por cuánto tiempo. Estoy muy mal. No sé si neurótica, no me importa. Me siento muy pequeña, muy niña. Y me van abandonando todos. Absolutamente todos. Mi soledad, ahora, está hecha de quimeras amorosas, de alucinaciones... Sueño con una infancia que no tuve, y me reveo feliz ―yo, que jamás lo fui―. Cuando salgo de estos ensueños estoy anulada para la realidad externa y actual. Jamás hubo tanta distancia entre mi sueño y mi acción. No salgo, no llamo a nadie. Cumplo una extraña penitencia. Y me duele funestamente el corazón. Tanta soledad. Tanto deseo. Y la familia rondándome, pesándome con su horrible carga de problemas cotidianos. Pero no los veo. Es como si no existieran. Siento, cuando se me acercan, una aproximación de sombras fastidiosas. En verdad, casi todos los seres me fastidian. Quiero llorar. Lo hago. Lloro porque no hay seres mágicos. Mi ser no tiembla ante ningún nombre ni ninguna mirada. Todo es pobre y sin sentido. No digamos que yo soy culpable de ello. No hablemos de culpables.

He pensado en la locura. He llorado rogando al cielo que me permitan enloquecer. No salir nunca de los ensueños. Ésta es mi imagen del paraíso. Por lo demás, no escribo casi nada.

Hay sin embargo, un anhelo de equilibrio. Un anhelo de hacer algo con mi soledad. Una soledad orgullosa, industriosa y fuerte. Es decir: estudiar, escribir y distraerme. Todo esto sola. Indiferente a todo y a todos.


 DIARIOS: ALEJANDRA PIZARNIK

domingo, 3 de agosto de 2014

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer - David Foster Wallace



(...)He visto playas de sacarosa y agua de un azul muy brillante. He visto un traje informal completamente rojo con las solapas evasé. He notado la loción de bronceador extendida sobre diez mil kilos de carne caliente. Me han llamado "colega" en tres países distintos. He visto a quinientos americanos pijos bailar el Electric Slide. He visto atardeceres que parecían manipulados por ordenador y una luna tropical que parecía más una especie de limón obscenamente grande y suspendida que la vieja luna de piedra de Estados Unidos a la que estoy acostumbrado.
He bailado (muy brevemente) la conga. He visto montones de barcos blancos e inmensos. He visto la costa norte de Jamaica. He visto videocámaras que casi necesitan una plataforma móvil; he visto maletas fluorescentes, gafas de sol fluorescentes, quevedos fluorescentes y más de veinte marcas distintas de chanclas de goma. He oído timbales, he comido buñuelos de caracola y he visto a una mujer con un vestido lamé vomitando a distancia dentro de un ascensor de cristal.

Las aventuras de Foster Wallace en un crucero de lujo. Una lectura fresca, de verano, para desengrasar de otros textos más profundas, un libro brillante y divertido con un sentido del humor delirante y corrosivo. O tal vez una irreverente radiografía de la cultura americana actual. 

Tenemos al Foster Wallace más accesible, el Foster Wallace periodista, alejado de las constantes de sus obras caracterizadas por su exuberancia técnica y su perspectiva filosófica que llevan a muchos a considerarle como el Everest de la literatura. 

TV Tunes - THE LOVE BOAT Theme by Jack Jones on Grooveshark

domingo, 13 de julio de 2014

Tornillos de estrella IV


Desde el otro andén observas como huye de la ciudad hostil el tren de Almería. Quisieras ser polizón entre maletas de colores, sombrillas, chancletas, alpargatas y zapatillas de cáñamo. El viento del tren mueve las hojas secas como el mar mueve la arena. Y escapar del oleaje de los días: cerrar los ojos para recordar el mar.

Salimos del agua.  El tacto suave de las toallas de playa te reconforta. Hace calor. La felicidad baña tu boca salada, tus brazos salados, tus piernas saladas. Nos ha unida la misma fuerza que une la luna y el mar. Olvidemos el tiempo. Los segundos se confunden con los siglos y los siglos con segundos. El sol ha venido a visitarnos, como la esperanza visita al hombre enfermo. Está aquí para acariciarte los arañazos y descomponer la costra que estanca tu sangre. En mis venas la vida es roja de nuevo. 

Estamos tumbados y frescos como melocotones recién pelados, sintiendo esa ligera y resbaladiza corriente eléctrica que dibuja carreteras por los contornos de la piel. Nuestros pies se buscan tímidamente, nuestros brazos se rozan en las fronteras de nuestras toallas. Mi pelo acartonado entre tus dedos que acercan mi cabeza hasta tu hombro. Te siento cerca. Escucho tus latidos entre el ronquido de la espuma blanca, los auriculares del viento que compartimos susurran su melodía.

Huele a bronceador, a pescado fresco de lonja, a salitre, a helados enormes que se hacen pequeños si se comparten entre besos. Conversamos al oído sin nada en concreto: sobre esto, sobre aquello, sobre los días en los que jugábamos a imaginar ciudades en las manchas de gasolina del agua del puerto. Luego silencio, nos reconforta el silencio.

Pasan tres segundos, los fragmentos de tu vida se unen en un instante. Tomas conciencia de que sigues al otro lado del andén y abres los ojos, y sintiéndote demasiado cansado de perder trenes y coger resfriados, observas tu reloj: te faltan diez minutos para llegar tarde a ninguna parte.