domingo, 3 de noviembre de 2013

Al final de la escapada...


Los días se repiten, te arrastran hacia un final previsible. Protagonizas una película sin giros ni contratiempos. ¿Qué hiciste ayer? ¿Qué harás mañana? -te preguntas-. Los recuerdos son sólo una persiana rota que cuelga sobre la ventana de tu mente. 

En la desembocadura de las horas, en el desfiladero de la noche, permaneces quieto como una fotografía mientras el reloj de pared se encoje sobre el viejo sofá, eres desperdicio y pizza fría en una caja de cartón, eres un mantel con salpicaduras de grasa, una cerveza caliente y un papel escrito con letra decrépita que apenas dice algo bueno de ti.

Existe un orden extrañamente establecido y tú solo formas parte de una ecuación cuyo resultado es la muerte. Acabas de entrar al quirófano, anestesiado, adormecido frente a los envenenados estímulos de tu televisorCierras los ojos hasta comenzar un nuevo día, el mismo día que otros días. No hay sueños: solo duermes. Los sueños están desintonizados, atrapados entre la nieve gris con la que terminó la programación, la vida sólo existe en las películas, tú no puedes escapar...

Por fin me he comprado una tele en color
y la otra noche
me topé con una peli
y hay un tipo en
París
está sin blanca
pero viste un traje muy bueno
y lleva la corbata anudada a la perfección
y no está preocupado ni borracho
sino que se encuentra en un café
y todas la mujeres preciosas están
enamoradas de él
y de alguna manera consigue pagar el alquiler
y seguir subiendo y bajando las escaleras
con camisas limpísimas
y advierte a algunas chicas
que mientras ellas son incapaces de escribir poesía
él sí es capaz
pero en realidad no le apetece
en esos momentos:
en vez de eso busca la Verdad.
mientras tanto lleva el pelo cortado a la perfección 
no tiene resaca
no tiene tics nerviosos en los ojos y posee dientes blancos
perfectos.
Yo sabía lo que iba a ocurrir:
conseguiría la poesía, las mujeres y 
la Verdad.
Apagué la tele 
pensando, estúpido hijo de Puta
te mereces
las
tres cosas.

DIENTES BLANCOS PERFECTOS- Charles Bukowski

8 comentarios:

  1. Rebelémonos contra el televisor y sus giros típicos, encaremos a los antihéroes como si fuesen villanos, y por una vez, seamos nosotros los hijos de puta que se merecen su futuro.

    Cuídate.

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    1. Claro que sí. Ojala tus palabras llevasen amplificador incorporado...

      Un abrazo.

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  2. Querido Jota,
    es pesimista este texto, pero tiene esa acidez que tiene la vida sumida a la rutina, a la decadencia humana, al ser que muere una vez muertos sus sueños, ahora que leo lenta con la música de fondo (por cierto acertada y muy buena) me sumo en ese personaje muerto en vida.

    Te haces esperar pero merece la pena.

    Besazo

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    1. El jazz sintoniza muy bien con el cine en blanco y negro...

      Lo somos todos, cuando la vida nos da caza y nos dispara a quemarropa.

      Un besazo.

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  3. Chinaski, Chinaski, nada está escrito...
    La libertad da pánico, y hay que ir tanteando en la oscuridad sólida del sueño interrumpido, pequeños pasos, pequeños cambios... y en cuanto a la muerte... Hannah y sus hermanas y música de jazz.

    Abrazo

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    1. Gin, jazz,
      pálida luz y
      capitoné

      nos vemos allí...

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  4. Qué buena imagen! Ahora que no hay nadie confesaré que a mí también me gustaba, siempre he pensado “boca grande, ande o no ande” jaja. Me encantan las imágenes en blanco y negro.
    El texto, desde mi inclinación dramática, es maravilloso. Me he sentido tantas veces así, me siento así, sobra de pizzas, nutria en cautiverio. Lo peor es que pasa, y nos repetimos “Mañana será un GRAN día”, pero sólo es un día más. Me gusta la poesía que encierra, la desolación de esa película de la que no logramos escapar.
    Un beso Jota
    Vi que Sandra te llama así, y a mí me gusta más que patapalo. ;)

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    1. Todos quisimos ser Bolmondo por una vez, aunque fuese por un día, y romper a pedradas todas las farolas del mundo, y salir indemnes...

      Pero la realidad es una habitación mal iluminada, un décimo de lotería sobre una esquina de la mesa y, un cenicero lleno de heridas.

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