martes, 5 de julio de 2016

Que todos los trenes rojos de esta ciudad terminen su recorrido en ti.

 


En ese precipitado murmullo
que conduce al destino
cuando el rojo de la tarde
parte en dos las estaciones,
y yo veo como se marchan mientras
la palabra "adiós" flota
ligeramente encendida
por encima de la voz que la pronuncia.
Veo como se marchan
y las manos de él
se alejan de los hombros de ella
igual que un barco se aleja del muelle
para convertirse en un destello del mar.
Veo como se marchan
y a cada paso que dan
habita esa sensación luminosa
de que serán sus huella
las que como una cicatriz escrita en el paisaje
resistirán a la marea.
Veo como se marchan
y a sus espaldas
se resume una ciudad encendida
en cuyo resplandor
el verano abre sus brazos.
Les veo marcharse:
él sube al tren,
ella ahora es el frágil temblor
que cruza en la intimidad de su ventanilla.
Está anocheciendo
y se encienden
las luces rojas de la estación,
un tren se aleja
y yo veo
como se marcha
justo
cuando llegas tú.

lunes, 13 de junio de 2016

Crónica del joven poeta.




Conseguí que algunas noches se detuviesen frente a mis ojos.
Viajé por muchas ciudades y algo de mí se quedó en todas ellas.
Traté de describir el horizonte en 140 caracteres
pero el horizonte jamás supo describirme a mí.
Hablé de Bukowski, sosteniendo una botella vacía,
sin que ni siquiera me temblasen las manos.
He sobrevivido a la muerte varias veces en poco tiempo.
Me he partido en dos frente a un espejo roto
en cuyas grietas
se detienen las sombras de mi vida.
He corrido con los ojos cerrados
para intentar alcanzar el corazón del frío.
Busqué razones para desangrarme, aprendí a estar hambriento,
traspasé mi propia piel
para acariciar la fiera que nace dentro de mi pecho.
He buscado -sin éxito- en el incendio de mis cuadernos
las claves para desencriptar las contraseñas del lenguaje.
Me he arrastrado sobre el papel como un lobo herido.
He dejado sueños olvidados en el cráter de una almohada vacía.
¡Ya no me asusta el vértigo de rendir cuentas
frente a los destellos del recuerdo!

Pues ahora que
 sigo siendo el mismo
-o apenas nadie-
me he dado cuenta de que
ni siquiera sé escribir
y sólo intento caminar descalzo
por encima de la nieva
sin quemarme los pies.

domingo, 29 de mayo de 2016

Balada triste de mayo

                    
foto: elvocero.com


                                             A mi abuela.

Hubo heladerías, tartas de cumpleaños
y bufandas de lana.
Era el blanco y negro de los televisores
el fotograma que ardía en tu vida.
El retrato en sepia de mi abuelo
que llevabas contigo
en aquel tren con el que cruzabas
al otro lado de España
también formó parte de mi infancia.
Las manos te olían a pescado
y los escaparates de las zapaterías
dibujaban los rasgos de tu serenidad.
También hubo inviernos en los que
te interponías a mi padre
que me indultaba de alguna bofetada
cuando la luna desde mi ventana
 me velaba con tus ojos
aquellas noches que avanzaban con paciencia
y yo llegaba demasiado tarde.
De la guerra no quisiste hablarnos demasiado
sólo que fuiste padre y madre de mi madre.
Recuerdo la foto en la que comencé a ser marinero,
los candelabros
y el nacimiento de algunos primos en tus estanterías.
Tuviste algunas rosas en ese patio
donde te he visto llorar algunas veces
cuando el destino era como la soledad
que describían tus ojos.
En los últimos tiempos
se apresuró el mundo
 y yo te decía: "prometo llamarte más"
aunque desde entonces
sólo despedimos juntos algunos años.
La alegría te desbordó
cuando tu bisnieta se sentó
por primera vez sobre tus rodillas.
Volviste a Madrid,
-esta ciudad de la que nadie vuelve-
y Madrid se quedó contigo para siempre.
Empezaste a morirte un 20 de mayo
y una quietud rodeaba tu frente,
pero tu cuerpo se negaba a creer
que la muerte está
entre las leyes de la vida.
Era tan solo hace unos días
cuando tus 94 se apagaban en mis dedos
y tú ya no parecías mi abuela
sino tan sólo el rictus clavado
de quien se abandona
a la suerte de una historia muda.
Sentí el final del horizonte
en las grietas de tus manos,
mi madre que
ni siquiera pudo despedirte dignamente
lloraba a escondidas.
Y te fuiste, abandonaste esa habitación
de luces tan pálidas como tu nombre
sobre el papel amarillento de Interfunerarias
frente al que discutíamos
porque nadie quería hacerse cargo de tus recuerdos.
Ahora eres las baldosas rotas de una casa vacía,
el ganchillo blanco de una mesa,
dos hermanos, un notario,
los trastornos de un mal seguro de decesos.
Ahora eres los tranquilizantes de mi madre,
el recuerdo que reposa sobre la perdida,
la extinción, la sombra, la huella,
parte de una noche
que termina en este poema
con el que pretendo
recordarte
para siempre.

jueves, 5 de mayo de 2016

Poema generacional





Levantarse a las nueve los sábados. 
Tener pastillas en el cajón en lugar de preservativos.  
Llevar el reloj adelantado y contratar un seguro de vida. 
Asistir al dentista, hacerse una quiropodia.  
Mostrarte al mundo con una foto de tu sobrina.
Estar cansado, descubrir la realidad tal como es 
y pensar en las consecuencias de tus actos.

Hacer cocido los domingos.
Encontrarte un lunar que crece frente al espejo.
Recibir cartas del banco y de la compañía de gas. 
Cambiar la lámpara del baño y los muebles de sitio.
Recordar el cine donde pusieron un Zara. 
Redescubrir el western y los concursos de televisión.
Morir en el sofá los viernes por la noche. 
Sentirte molesto con los ruidos de los vecinos. 
Entender las noticias de economía y abrir una botella de vino tinto.
Dejar el ron para pasar al gin y el rock para pasar al jazz, los albergues por hoteles
 y las web de alquileres por las páginas sobre venta inmobiliaria. 
Perder amigos y encontrar conocidos.
Invertir cada vez menos espacio y tiempo en uno mismo.
Dejar el tabaco, aparcar esa idea romántica del inconformismo.
Domesticar enfermedades crónicas como el desamor y el miedo a la muerte.

Pero creer principalmente y
a pesar de todo que
aceptarse a uno mismo
es la mejor manera
de cambiar el mundo.

(Aquí repito una versión de aquello que un día escribí con letra pequeña).

domingo, 10 de abril de 2016

Butacas separadas




A veces me pregunto
si estamos viendo la misma película.
La luz del proyector
encuentra en tus ojos
al tren que cruza la medianoche,
al pistolero herido,
al androide enamorado.
Suenan disparos en tu mente
y dos coches se persiguen,
Lawrence cruza el desierto
y Dennis mantiene
-siempre-
su avioneta en el aire,
los puentes de Madison arden
como el amor en los poemas.
Ingrid Bergman mira
a Humphrey Bogart
y se detiene la lluvia.
La vida es un rodaje en travelling
que ocurre en las pantallas de la mente
y quizás se acabe la kriptonita
-o la tarta de arándanos-
pero el Cinema Paradiso
mantiene siempre sus puertas abiertas.
Los destellos de la luz se detienen
tras los títulos de crédito
mientras se apagan los neones
de todos las calles
y puede que esta noche
Harry no encuentre a Sally
pero yo te buscaré en mi ventana
cuando el resplandor de la luna
encierre todas las escenas de este día
y me responda
con su incandescencia
a la pregunta de
si estamos viendo la misma película.

martes, 22 de marzo de 2016

00:47 - 01:05

Foto: bambi012-Tumblr


00:47
La luna ya resbala
entre el colchón y tu cuerpo,
las luces de los puentes
se encienden
por las rendijas de tus brazos.

00:48
Cuando te veo dormida
parece que son los muelles
quienes navegan hacia los barcos.

00:51
Abrazas la almohada
como quien camina de puntillas
por las márgenes del tiempo.

00:54
Extendido en su paisajismo
tu pelo
parece el final de la vía láctea.

00:56
La luz de la noche
acaricia 
tus libros doblados.

00:57
Me tumbo a tu lado
como quien se acomoda
bajo la sombra
de un cerezo en flor.

01:00
Una estrella cae
y el reloj de pared
anuncia
el final del invierno.

01:02
Busco en tu espalda
esa parte de ti
que ni siquiera tú conoces.

01:03
Como la nieve
mi nariz encuentra en tu piel
su pálido reflejo.

01:05
Este verso te hace abrir los ojos,
"buenas noches", me dices.
Lo mejor de los sueños
es la realidad que te despierta de ellos.

domingo, 20 de marzo de 2016

AUNQUE TÚ NO LO SEPAS



(...)Aunque sólo me escuche una silla vacía
será firme mi voz.